En el salón viene enseguida. En cuanto encuentra un olor interesante en el jardín, parece no haberte oído. Esa diferencia ayuda a entender cómo enseñar a un perro a venir cuando lo llamas: empieza en un lugar sencillo y aumenta la dificultad poco a poco, premiando la llegada.
Una llamada practicada muchas veces puede seguir fallando ante algo inesperado. La correa y los recintos seguros siguen haciendo falta según el lugar. No pongas a prueba lo aprendido junto a una carretera ni aproveches una puerta abierta para comprobar si esta vez obedece.
Prepara un lugar seguro y una recompensa que le interese
Escoge una habitación conocida, sin otros animales moviéndose alrededor ni una salida a la calle. Si practicas en un patio, comprueba el cierre antes de empezar. Un hueco pequeño bajo una puerta puede pasar desapercibido hasta que el perro se acerca.
Ten preparada una recompensa que de verdad quiera recibir en ese momento. Puede ser comida adecuada para él o un juguete que disfrute contigo. Las caricias sirven si las busca; si se aparta cuando le tocas la cabeza, esa interacción no está funcionando como premio.
No esperes a que tenga mucha hambre para intentar ganar su atención. Si los premios de comida deben ajustarse por una enfermedad o una dieta prescrita, consulta qué opciones puedes usar. Tampoco hace falta agitarle algo delante del hocico durante toda la práctica.
Una persona adulta dirige la sesión. Si hay niños cerca, conviene recordar las pautas de convivencia segura entre mascotas y niños, sin convertir al perro en el centro de varias llamadas simultáneas. Para empezar, mejor una voz conocida y pocas distracciones.
Elige una palabra de llamada que use toda la familia
El nombre puede servir para captar su atención. La señal de llamada le indica que quieres que se acerque hasta ti. Elegid una palabra corta, por ejemplo «ven», y usadla de forma consistente. Un gesto sencillo puede acompañarla.
Acordad también cuándo vais a practicar. Si una persona dice «ven» para acercarlo y otra utiliza la misma palabra mientras lo aparta de la cocina, el significado resulta menos claro. Puedes dejar el acuerdo escrito para quienes conviven con el perro.
Habla con un tono amable que pueda oír. Repetir «ven, ven, ven» cada vez más alto no le da más información sobre qué hacer. Da la señal una vez cuando tengas buenas posibilidades de que responda y deja un momento para que se mueva.
Si la palabra lleva tiempo asociada a regañinas, un profesional que trabaje con recompensas puede ayudarte a revisar el ejercicio. Cambiarla continuamente por tu cuenta suele dificultar saber qué está aprendiendo.
Empieza cerca: llama y premia cuando llegue
Colócate a poca distancia, con el perro despierto y sin estar ocupado en algo especialmente interesante. Busca primero su atención. Di la señal y puedes dar un pequeño paso hacia atrás para invitarlo a acercarse, siempre dentro del espacio seguro.
Cuando avance hacia ti, una palabra amable puede acompañar el acierto. Al llegar, entrega la recompensa sin alargar la espera. No añadas «siéntate» o «túmbate» como requisito para cobrar lo que acaba de ganar por volver.
Una sesión de inicio podría ser así: el perro está contigo en el salón, te separas apenas unos pasos y lo llamas. Llega, recibe su premio y vuelve a explorar. Repites mientras conserva interés y terminas antes de que se distraiga o se canse. No necesitas agotar una bolsa de premios para que el rato cuente.
También puedes practicar una llamada fácil y permitir que retome una actividad agradable. Así, acercarse no anuncia siempre que se termina todo lo que le gusta. Dogs Trust recomienda recompensar la vuelta y empezar en casa o en un espacio cerrado antes de añadir dificultades.

Aumenta distancia y distracciones por separado
Cuando responde con soltura cerca de ti, aléjate un poco más en el mismo lugar. Mantén lo demás parecido. No hace falta pasar a la vez del salón silencioso al parque lleno de perros y desde un extremo del césped.
Otra opción es conservar la distancia corta y añadir una distracción suave, suficientemente lejos para que aún pueda atenderte. Si se queda pendiente de ella y deja de responder, has encontrado un ejercicio demasiado difícil. Retírala o vuelve a practicar donde había menos estímulos.
Antes de pasar al exterior, escoge un lugar controlado y seguro. Una línea larga unida a un arnés permite practicar con distancia sin dejarlo libre. Debe manejarla una persona adulta, en una zona sin obstáculos donde pueda enredarse ni personas a las que pueda golpear. No la uses para tirar del perro hacia ti.
Si no sabes manejar ese material sin que se tense de golpe, pide una demostración a un profesional. Una línea larga no vuelve adecuado un entorno con tráfico, ganado o riesgos de escape. Conserva las medidas de seguridad aunque la sesión anterior haya ido bien.
Si no viene, reduce la dificultad en vez de enfadarte
Mira primero qué ha cambiado. Puede estar más lejos, pendiente de un olor o demasiado excitado para atender. Evita seguir lanzando la señal mientras permanece absorto: cambia la situación para que el siguiente intento sea más fácil.
Dentro de un recinto seguro, puedes acercarte con calma si es necesario. No lo persigas como parte de un juego ni lo arrastres mediante la línea. Si finalmente regresa, no lo regañes por haber tardado. Desde su punto de vista, el enfado puede quedar asociado justo a acercarse.
Si llegaba hasta tus pies y ahora se queda fuera de tu alcance, revisa qué ocurre al volver. Quizá cada llamada termina en una situación que rechaza. Introduce prácticas sencillas en las que recibe su recompensa y después puede continuar con su actividad en el entorno controlado.
Evita atribuir el fallo a dominancia o a que quiere desafiarte. Esa interpretación no indica cómo ajustar el ejercicio y puede llevar a castigos que empeoren la disposición a volver.
Errores que debilitan la llamada
Usar la señal durante todo el paseo, incluso cuando sabes que no va a atender, hace difícil mantener un significado claro. Reserva las prácticas para situaciones preparadas y gestiona con la correa los momentos que aún no puede resolver.
Otro tropiezo frecuente es retirar las recompensas después de unos pocos aciertos. Que ya haya venido varias veces no significa que lo hará igual en un lugar desconocido. Sigue reconociendo las llegadas y ajusta el premio a lo que disfrute, sin aumentar por tu cuenta extras de una dieta veterinaria.
Las sesiones demasiado largas también complican el aprendizaje. Si empieza respondiendo y después se desconecta, prueba a terminar antes la próxima vez. Anota el lugar y la distancia que le resultaron fáciles. Eso permite retomar desde un punto concreto, sin empezar cada día con la prueba más exigente.
Qué no puede garantizar el entrenamiento y cuándo pedir ayuda
Un perro adulto puede aprender la llamada. Quizá tenga asociaciones previas que necesiten más trabajo, pero la edad por sí sola no obliga a usar castigos. Si prefiere un juguete a la comida, puedes aprovecharlo como recompensa siempre que el juego sea seguro y adecuado para él.
No hay un porcentaje de aciertos que garantice cuándo soltarlo. RSPCA Australia recuerda que una respuesta infalible resulta irrealista porque el entorno puede cambiar de golpe. Respeta las normas locales y conserva correa o barreras donde hagan falta.
Si el ejercicio se atasca, busca ayuda cualificada basada en recompensas. Un cambio repentino de respuesta, señales de dolor o una posible dificultad para oír requieren consulta veterinaria. Si aparece agresividad, suspende la práctica y pide orientación; esta guía no aborda su manejo.
Estas pautas generales ayudan a organizar la práctica, pero no reemplazan la valoración profesional de un problema de salud o conducta. Entrena con seguridad y mantén el control físico que requiera el entorno.
Fuentes consultadas
- Dogs Trust: How to train your dog to come back when called. Señal compartida, recompensa y progresión con línea larga en arnés.
- RSPCA Australia: How can I teach my dog recall?. Refuerzo positivo, ausencia de castigos y límites de seguridad de la llamada.